Mi libro ASTAROT -el enigma-

lunes, 23 de mayo de 2011

Triste humanidad

Tras observar durante años te das cuenta de la misión que se le otorga a cada ser de este mundo. Una misión por la que vives, la misma por la que mueres.
Y al ver el egoísmo, la avaricia, la pena. Descubrí la verdad, la Tierra esta enferma. Los débiles sufren y los fuertes hacen sufrir.
Porque el problema somos nosotros. Mientras jugamos a ser Dios nos llevamos la vida. Pues los humanos somos tan difíciles de capturar como un sueño, como un pensamiento fugaz. Pero yo estoy aquí para curar la enfermedad que envuelve este mundo y que lo hace agonizar. Dando el principio de una nueva era y el fin de la humanidad.

Espesura

En la espesura de las tinieblas cuya única luz la refleja las almas en pena, mora el humano que detesta su propia humanidad. Su sangre brota como el agua de la copa que dejó caer el sacerdote tras su asesinato.
Tras abrir la mente, tras usar el cuerpo, te das cuenta de que el dolor es una dulce fragancia bañada en el amargor de la vida, en la dulzura del amor. Un amor que dio esperanza a la sociedad, una sociedad inculta y egoísta.
Tras el genocidio el mundo esta en paz, tras su exterminio la vida es libre para florecer después de deshacer el manto de ceniza que la cubría.
Sin honor, sin valor, la persona engaña sin piedad, sin remordimiento.

Mi final


Me despierto con los primeros rayos del alba iluminando mi lúgubre rostro. El sol reluce con un peculiar color rojo, rojo sangre.

Desde mi ventana contemplo las montañas adornando el horizonte como manos alzándose hacia el cielo intentando alcanzar las estrellas que se ocultan detrás de la luz. Encerrado en mi jaula, como la bestia salvaje que me consideran, sueño con un ideal que me ayude a continuar con esta pesadilla eterna. Mientras mis captores se regocijan entre vino y putas celebrando su victoria.
Acaricio los barrotes de mi prisión. Suspiro, y mientras, recuerdo los días en los que corría detrás de mi presa.
Alimañas, asesinos y violadores, chantajistas y ladrones. Todos los cazo por igual, sin trato especial.
Primero, se apuñala dejando fluir la vida hasta que desaparece. Se decapita, pues así su alma vaga por este mundo por la eternidad. Y por último se descuartiza para esconder toda evidencia de mi existencia.
Pues yo quito la vida, pero también la doy.
Porque soy alfa y omega, el principio y el fin.