Me despierto con los primeros rayos del alba iluminando mi lúgubre rostro. El sol reluce con un peculiar color rojo, rojo sangre.
Desde mi ventana contemplo las montañas adornando el horizonte como manos alzándose hacia el cielo intentando alcanzar las estrellas que se ocultan detrás de la luz. Encerrado en mi jaula, como la bestia salvaje que me consideran, sueño con un ideal que me ayude a continuar con esta pesadilla eterna. Mientras mis captores se regocijan entre vino y putas celebrando su victoria.
Acaricio los barrotes de mi prisión. Suspiro, y mientras, recuerdo los días en los que corría detrás de mi presa.
Alimañas, asesinos y violadores, chantajistas y ladrones. Todos los cazo por igual, sin trato especial.
Primero, se apuñala dejando fluir la vida hasta que desaparece. Se decapita, pues así su alma vaga por este mundo por la eternidad. Y por último se descuartiza para esconder toda evidencia de mi existencia.
Pues yo quito la vida, pero también la doy.
Porque soy alfa y omega, el principio y el fin.

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