Mi libro ASTAROT -el enigma-

viernes, 9 de septiembre de 2011

Vacaciones

Salgo de mi habitación del hostal donde me hospedaba, su peculiar olor me recordaba a la brisa de la hierba fresca. La doncella del lugar era una chica hermosa con cabellos dorados, su sonrisa era cálida y dulce, despedía una fragancia parecida a la de las rosas después de un día de lluvia, su mirada era capaz de hipnotizar incluso al corazón más duro. Cada vez que tocaba a mi puerta para hacer la limpieza diaria, mi pecho comenzaba a palpitar sin control.
No quería admitirlo pero me había enamorado, que remedio... no puedo elegir cuando hacerlo ni donde, simplemente surge, como las malas hierbas en el jardín mejor cuidado. ¿Que podía decirle sin hacer notar mi desesperación por tener un cuerpo cálido al que abrazar?
Lo intentaba una y otra vez sin resultados; empezaba por un “buenos días” y terminaba tartamudeando, rojo y sin poder decir palabra. Me pregunto; si no me estaba tomando por loco.
Los días de vacaciones estaban llegando a su fin, y tendría que regresar a la ciudad. No podía esperar más, tenia que decirle lo que siento o no podría hacerlo nunca. Me llené de valor y fuerza y me fui directo a ella.
-Hola, me preguntaba si tenias algo que hacer esta noche, cuando terminaras tu turno.
-No te molestes, pareces un chico simpático y muy agradable, pero no tienes nada que hacer.
-No lo entiendo.
-Fácil, me di por vencida hace mucho por los hombres, siempre pensando en como llevarse a una pobre y joven chica a la cama, sin importarles lo mas mínimo sus sentimientos.
-Comprendo, lo siento, no era mi intención, ya me marcho.
Tanto esfuerzo, tantos nervios para nada. ¿En serio somos tan crueles, nos aprovechamos de ellas por un instinto básico masculino?
A pesar de mis dudas, yo comprendía que al verla no sentía lo mismo que sentía al ver a una chica de revista o a una modelo en televisión. No tenia clara mis intenciones, pero lo que si tenia claro era que a pesar de no conocerla, estaba dispuesto a pasar los restos de mi vida a su lado.

martes, 6 de septiembre de 2011

Elegir

Me di cuenta de lo que perdí cuando ya era demasiado tarde, siempre ocurre lo mismo. Esperamos al último momento para decir lo que sentimos o para hacer lo que deseamos. Pero, ¿De verdad nuestros sentimientos significan algo, o tan solo rezamos para que signifiquen lo que deseamos?
Amor, placer, lujuria, valor, honor, temor... ¿Todo esto significa alguna cosa?
Mi mente esta llena de interrogantes que giran y cambian de una pregunta a otra, cada una más confusa que la anterior. Estoy harto, harto de hacerme preguntas sin respuestas, harto de mirar adelante y no ver ni siquiera mis manos. Esta todo borroso, hay una niebla que oculta la verdad.
Ya no puedo más, pienso en el destino como una burla del azar, y en el azar como un camino sin limites que nos pone el destino. ¿Estamos aquí por casualidad o esta todo predeterminado?
Yo creo que pueden ser las dos cosas.  

domingo, 4 de septiembre de 2011

Sentimiento

Mi corazón se inundaba por completo al verla, aunque ella nunca me viera a mi. No podía explicar con palabras lo que sentía cada vez que nuestras miradas se cruzaban, aunque sus ojos estuvieran vacíos cada vez que esto ocurría.
Cada día, la veo venir hacia mi, me pongo nervioso y me escondo, como el que se esconde de su mayor temor. La veo siempre escribiendo un mensaje, Desconozco el que ni a quien, pero me gustaría ser ese alguien.
Me llama y me dice que se muda, que se muda al extranjero, por dentro me corroe una profunda tristeza, pues se que después de marcharse nunca la volvería a ver. Decido quedar con ella para decirle lo que siento, decirle cuanto la amo, decirle cuanto la necesito. Así pues, al día siguiente nos encontramos en frente de la estación y decidimos dar una vuelta, otra vez la veo escribiendo a esa persona y me doy cuenta de lo que ocurre. Ella nunca me amaría, nunca me querría pues necesita a alguien mejor, alguien al que ya ha encontrado. Pasamos el día juntos en mi casa, un día divertido, el ultimo día que la volvería a ver. Se marcha y nos despedimos con un abrazo, un abrazo que para ella no significó nada, pero que para mi fue lo mas bonito de mi vida.
Me tumbo en la cama y alzo la vista para mirar la hora, me sorprendo al ver su teléfono, seguramente olvidado. No puedo evitar mirar el destinatario del mensaje, total, ella no volvería a ver ese móvil. Mis lagrimas empiezan a caer al ver que no había destinatario, los mensajes nunca se llegaron a enviar. Sin embargo contenían mi nombre, seguidos de un “te quiero” o un “te amo”. Me pasé la vida huyendo del rechazo, mientras ella hacía lo mismo, y ahora los dos nos estaríamos arrepintiendo toda nuestra vida. ¿Dejó el móvil por accidente, o fue un acto intencionado? No lo sé, pero lo que si sé, es que nunca la volvería a ver, y jamás podre decirle lo que sentía por ella.